Paul is Dead

Introducción

“¿Dices que Paul McCartney está muerto y fue sustituído? ¡Qué barbaridad! No había oído una “leyenda urbana” más inverosímil en mi vida”

¿Eres uno de tantos que todavía piensan así? Lo comprendo, a mí me pasó al principio, cuando, tras haberme dado cuenta del tremendo cambio (no sólo físico) que había dado el músico en apenas unos meses, decidí tratar de buscar una explicación razonable de qué podía haberle pasado.

Paul / Faul
Comparativa Paul / Faul

¿Tal vez el uso excesivo de drogas? ¿Un acontecimiento terrible y desconocido?

Cuando di con la teoría de la sustitución, mi primera reacción fue reir ante las obvias preguntas que me asaltaron; pero conforme me las iba haciendo y buscaba elementos que las respondieran y confirmaran que todo era falso, otras nuevas ocupaban su lugar. ¿Cómo podrían haber encontrado a alguien tan parecido? ¿O no lo es tanto? ¿Y con las mismas habilidades musicales? ¿O en realidad no las tiene? ¿Y que conozca perfectamente su historia para poder contarla en las entrevistas? ¿O no la conoce?

Muchas veces la verosimilitud de una teoría se mide a través de probabilidades. La matemática suele ser una ciencia bastante exacta. En el tema de la leyenda de la muerte de Paul McCartney, al margen de los mitos y el “folclore” creado a su alrededor a lo largo de más de cuarenta años, hay una serie de hechos (hechos, sí, no teorías ni interpretaciones) que, sumados, acaban dando un número de probabilidades a su favor pasmosamente alto. De hecho, el perito antropométrico Danielle Gullá se arriesgó, tras sus análisis de 2012, a hablar de nada más y nada menos que un 80%.

Gullá
Danielle Gullá

Esta teoría está plagada de excentricidades, muchos aficionados al misterio y las leyendas urbanas han querido encontrar pistas en cualquier parte y a cualquier precio, incluso a costa de la credibilidad de lo que pretendían demostrar. Así, tenemos cosas como un supuesto “desfile funerario” en la portada de Abbey Road o una pista dejada en un álbum editado un año antes de la supuesta muerte (algo que se asegura en el documental “El último testamento de George Harrison”).

Es lógico, por lo tanto, que este asunto despierte tantísima incredulidad y sobre todo tantas críticas en aquellos que no se han adentrado demasiado en sus claves.

Sin embargo, hay una serie de puntos que han hecho que miles de personas estén cada vez más convencidas de que este mito podría ser real. No estamos locos, es que hay datos que no tienen explicación.

Los más importantes son los análisis forenses. No estamos hablando de fanáticos de los Beatles, ni creyentes en la leyenda PID (acrónimo de “Paul is dead”, como se la conoce), sino de profesionales con gran experiencia, reconocidos internacionalmente en su campo.

Truby
Henry Meyer Truby

Henry Meyer Truby, Catedrático de la Universidad de Miami, profesor durante cincuenta años y cuyo nombre sirve para designar actualmente unos premios de fin de carrera, afirmó en 1969 que, tras un análisis del espectro de voz, podía asegurar tajantemente que el Paul McCartney posterior a 1966 no era la misma persona.

Carlesi y Gavazzeni
Carlesi, Gavazzeni y Pierucci

Los forenses Carlesi y Gavazzeni realizaron estudios en base a fotografías (disciplina en la que ya habían trabajado con la policía para esclarecer varios crímenes), llegando a la conclusión que había partes del rostro de McCartney que, siendo absolutamente inmutables en un hombre adulto, habían cambiado notablemente a partir del 66.

La perito grafológa Elena Marchetti afirmó que la escritura de McCartney había cambiado totalmente, incluída su firma. Conclusión a la que ya había llegado años antes el grafólogo que, en el marco del juicio de Bettina Hübers contra Paul, en el que exigía el reconocimiento de paternidad, realizó una comparativa.

El caso de Bettina es absolutamente asombroso: eran tantas y tan concluyentes las pruebas que presentó ante el juez de que Paul McCartney era su padre (cheques para su manutención, un contrato firmado por él exigiendo a su madre que no hiciera público el asunto…) que éste estimó la demanda y obligó a McCartney a hacerse una prueba de ADN. El resultado fue negativo, ante la sorpresa de Bettina que lo acusó de haber enviado a un doble el día de la prueba, a pesar de que las fotos lo muestran a él sin ninguna duda. Además, ella asegura que el grupo sanguíneo de la persona que se hizo dicho análisis no coincide con un registro de la Cruz Roja de Paul a principios de los años sesenta.

Danielle Gullá habló de un 80% sólo en base a su estudio. ¿A cuánto ascienden las probabilidades si sumamos lo demás? Y no sólo esto, sino que hay muchas más evidencias que, aunque por sí mismas no supongan una prueba irrefutable, vistas en conjunto convierten esto en un auténtico misterio.

¿Qué probabilidades hay de que todos estos expertos se hayan equivocado? ¿Cómo es posible que, al analizar la forma en que Paul McCartney cuenta su propia historia, uno no encuentre más que mentiras, errores garrafales e incongruencias?

Así fue como empecé a escribir mis primeros artículos, que ascienden ya a más de 1700 páginas en las que abordo todos y cada uno de los aspectos de esta historia, más allá de lo que nadie había hecho hasta ahora, reflejados a modo de resumen en mi libro, El gran misterio de los Beatles”.

Uno puede decidir creer o no en esta leyenda, pero desde hace tiempo recomiendo encarecidamente a todo aquel que siente curiosidad por ella a no llegar a una conclusión sin haber leído mis artículos. Al margen de la teoría de la muerte de Paul lo que está claro es que tras la historia de los Beatles parece haber demasiados hechos inexplicables, demasiado misterio y una pregunta que ha acabado convirtiéndose en una constante en mi entorno: “Señor McCartney, por favor, explíquenoslo”.

Carlesi y Gavazzeni
The Beatles